TRAMPAS Y OSCURIDADES SOBRE LAS FARMACIAS PRIVADAS
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✍️ Sol García Basulto
El comercio de medicamentos en el sector privado se presentó ante la opinión pública como un gesto de flexibilización frente a la escasez y un paso de apertura a nuevas formas de gestión económica. Sin embargo, resulta dudoso el motivo por el cual la medida está reservada exclusivamente a las micro, pequeñas y medianas empresas (MIPYMES) y a las cooperativas, excluyendo de forma explícita al trabajador por cuenta propia o gestor individual.
Ha sido principalmente la red independiente la que ha abastecido a la población de insumos sanitarios. Estos ingresan al país en equipajes de proveedores que ejercen la actividad de forma ilegal; quienes quedan excluidos de los perfiles que autoriza la gaceta oficial. Bastaría una inspección sanitaria para comprobar si cumplen con los parámetros de higiene o rigor de calidad.
Pero es demasiado conveniente restringir el acceso de trabajadores por cuenta propia en este mercado superlucrativo. Como se ha demostrado, la élite dirigente administra de forma encubierta, a través de familiares o socios, las principales cadenas importadoras en la isla conocidas como MIPYMES. Exigir que la actividad sea ejercida por estas figuras jurídicas solo favorece a los dueños del país.
Contradictoriamente a la escasez en las instalaciones de salud, los laboratorios del régimen continúan fabricando y exportando sus productos. No será extraño ver en los nuevos estantes medicamentos de fabricación nacional con tarifas del mercado exterior. Algo que no podrían hacer en farmacias oficiales sin aumentar la indignación del público.
Para ello, la regulación concibe únicamente la comercialización de productos con registro sanitario oficial. Un listado donde más de la mitad de las líneas corresponde a artículos de BioCubaFarma. Así la jefatura recaudará ingresos sin rendir cuentas acerca de la inaccesibilidad de los precios.
También hay ventajas en la importación de farmacia con respecto a lo que se recibe en el puerto de Mariel. Los medicamentos no requieren grandes volúmenes de carga, ni necesitan complejas cadenas de refrigeración. Al mismo tiempo es mercancía de primera necesidad.
Esta regulación no está pensada para garantizar el servicio que la dictadura ha descuidado o acercarse a las libertades económicas que necesitamos. Tampoco mide quiénes podrán pagar el producto en una sociedad que ellos mismos han empobrecido, enfermado y envejecido. Sino que el régimen corrupto se apodera de esta rama de la salud pública para transformarlo en uno más de sus negocios.
📷 Sol García Basulto



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