top of page

LE ZUMBA EL MANGO

  • hace 1 día
  • 1 min de lectura

Actualizado: hace 7 horas


✍️ Pedro Armando Junco


La mata de mangos de mi patio, casi centenaria, está en plena cosecha. Son mangos de clase que, por el color de su madurez y su gran tamaño, se conocen popularmente como mangos Rosa. Sin embargo, la tierra de mi patio está plagada de hormigas vivijaguas y pequeños caracoles, por lo que hay que correr a recogerlos cuando alguno gotea, o en menos de una hora es carcomido por estos insectos devoradores.


Es lastimoso encontrar por las mañanas mangos apolillados y no poder aprovecharlos, porque mi familia se niega a consumirlos a pesar de que el daño solo afecte una porción de su corteza.


Sin embargo, pude observar cuando, al atardecer, los carretilleros que venden frutas y viandas echan al basurero de la esquina las mercancías que por su mal estado no lograron vender: tomates, platanitos y mangos medio podridos. Como a la espera de esa hora, aparecen personas sin recursos que hacen banquete con esas inmundicias.


Entonces tuve la idea de recoger los mangos de mi patio, arrancarles las babosas y vivijaguas que los devoraban, lavarlos bien y colocarlos encima del murito del cine América.


Una hora después salí a la calle y ya mis mangos no estaban allí.


Esta escena dantesca no es una ficción lírica, ni una falsa noticia. Son hechos cotidianos, comprobables a la vista de todos. Decir que los cubanos sin recursos o ayudas desde el exterior se están muriendo de hambre no es una exageración política: es una realidad atroz, mientras el mundo mira impasible el genocidio que comete un régimen al que para nada importamos.


📷 Iris Mariño

 
 
 

Comentarios


bottom of page