LA OTRA CRISIS: EL TRANSFORMADOR ROTO
- hace 6 horas
- 2 min de lectura

✍️ Anet García
Era 9 de agosto, el mismo día que cayó la bomba en Nagasaki. Todo empezó con un zumbido que se escuchó a muchos metros a la redonda, luego vino el grito de su marido, ella corrió a desconectar los equipos, unos pocos segundos después, la explosión.
Yaray contó la historia desolada. Decía que haría penitencia como sus ancestros judíos, que se vestiría de saco y se echaría ceniza en la cabeza. Pero ni su propio humor negro la animaba. La idea de convertirse en refugiada en casa de la suegra, donde el espacio es pequeño, la placa bajita y el calor diseca las ranas, no le hacía ninguna gracia, aunque tuviera la excusa perfecta para emigrar al circuito priorizado.
La rotura de un transformador supone para cualquier barrio un apagón más largo de lo habitual, aun cuando lo habitual ya es demasiado. Algunos tienen suerte, a falta de derechos y recursos, y se lo cambian en cuestión de horas o días. Otros no tienen tanta, pueden estar todo un mes o más sin electricidad.
En mi municipio el mes pasado se dijo que había más de 30 transformadores rotos; lograron sustituir unos cuantos. En la primera quincena de agosto ya contaban 16. Y es así en toda Cuba: en Pinar, en Camagüey, en Alquízar, en El Cerro...
Pero el problema es más complejo que un transformador vandalizado, que gotea aceite, que explota y que no tiene repuesto inmediato. El desperfecto está en el sistema, y no precisamente el SEN.
Volvamos a mi amiga Yaray: aun si lograra independizarse del SEN no sería suficiente, porque necesita más que eso, y no porque sea avariciosa, hablo de cosas básicas.
Los servicios públicos como la electricidad, el agua, el transporte, la salud y la educación son bienes comunes que cualquier Estado debe garantizar y auditar. Ningún capital privado puede prescindir de ellos en su actividad económica, pero tampoco puede abarcarlos todos por la enorme inversión requerida y el riesgo de monopolización. ¿Qué quedará entonces para mi amiga que es una simple asalariada que solo quiere una vida digna?
El transformador roto sin repuesto es el fenómeno, no la causa de nuestro agobio y tinieblas. En un sistema que no genera riqueza suficiente —salvo para GAESA, sus protegidos y unos poquísimos afortunados— no se puede redistribuir lo que no existe. Lógica: 1. Socialismo: 0.
📷 Anet García




Comentarios