LA FIEBRE DEL ORO EN GUÁIMARO
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Heathcliff Miranda
Ariel y Juan buscan oro en los montes de Guáimaro. Casi todos los días se levantan de madrugada, o oscuras toman café, y sobreponiéndose al cansancio de la jornada anterior, cargan con su pesado equipamiento: palas, picos, sacos, barreta y el artefacto principal: la máquina de lavado, que aún no se deciden a dejar en el lugar de trabajo por temor a que la roben. Ellos forman parte de un equipo que explota una veta superficial de oro, codo a codo con otro grupo, otro “team”.
Mientras caminan con un ímpetu desafiante parecen decir “Hoy sí, hoy es el día” y avanzan esperanzados, rumbo noreste desde la ciudad de Guáimaro, a poco más de 70 kilómetros de Camagüey.
Los dos caminan por un trillo en medio del monte. Yo los acompaño como mero observador (me han prohibido hacer fotos) y de vez en cuando los miro en silencio con una mezcla de respeto e incredulidad. Me cuesta trabajo asimilar que hoy, julio de 2026, en pleno siglo XXI, un par de cubanos van a escarbar la tierra en busca de unos gramos de futuro.
La minería ilegal del oro es hoy la economía subterránea número uno en Guáimaro y la de mayor crecimiento en el último lustro. Ni siquiera el radical operativo contra los mineros “clandestinos” llevado a cabo en el año 2024 por el Ministerio del Interior -con Tropas Especiales incluidas y que según vox populi estuvo dirigido por el mismo Ramiro Valdés-, ni las subsiguientes condenas a prisión a una veintena de jóvenes, lograron erradicar el pintoresco empleo de buscador de oro, o topo.
Guáimaro, que alguna vez fue una potencia ganadera y tuvo miles de trabajadores empleados en ese sector -además de en otras industrias- y gozó de una agricultura rica y una infraestructura de servicios públicos funcional y creciente, es hoy -como espejo de Cuba- un municipio económicamente moribundo y asfixiado por las políticas estatales de control y corrupción simultáneas, con una dinámica de vida que una población envejecida y carente de poder adquisitivo no puede asimilar. Y el oro entonces se impone como alternativa para la esperanza.
Una de las zonas más codiciadas por los buscadores de oro en Guáimaro son los terrenos aledaños a la cooperativa Triunfo de la Revolución, en la propia Carretera Central hacia la salida a Las Tunas, y la ironía del nombre de esa otrora empresa estatal agropecuaria salta a la vista. Fue uno de los tantos enclaves creados a la fuerza por el régimen cubano que hoy no produce prácticamente nada, y en donde la mayoría de sus pobladores jóvenes cambiaron el azadón de las labores agrícolas por el pico y la pala de la búsqueda de oro, gracias a lo cuál hoy, en vez de trasladarse en caballos o manejar tractores, andan en motos Suzuki y Lifan relucientes.
El proceso de extracción artesanal, “clandestina”, del oro es sencillo. Los buscadores escogen una porción de terreno donde se presuma hay oro -algunos hablan de pruebas que se hacen pero otros prefieren confiar en la intuición o la cercanía a otro lugar ya probado. El espacio elegido se marca, se delimita y comienza la excavación con picos y palas. Juan y Ariel son de los que trabajan en un hueco, una pequeña mina abandonada por otros que se marcharon a la misma faena en la zona de Amancio de la vecina provincia de Las Tunas. Ellos tienen la certeza de que ese hoyo todavía puede albergar más sorpresas.
Antes de la mencionada "limpieza" de Ramiro Valdés eran usuales los túneles más profundos y peligrosos, de varios metros de largo y que requerían iluminación y ventilación, pero hoy se excava a nivel de la capa vegetal, a la "altura de rodilla", como dicen ellos.
Mientras unos cavan y extraen tierra, los otros lavan y cuelan en el tamiz. Este es una máquina, especie de bandeja colador con filtros de varios niveles y graduación, montada en una armazón artesanal, y que puede llegar a costar hasta 40 mil pesos si no la fabrica uno mismo, en la que se lava la tierra en busca del oro. Vea la foto que acompaña a este reportaje, de uno en venta por estos días en grupos de Revolico de Guáimaro.

Ese proceso es lo que se llama “enriquecimiento” en la jerga minera. Si no es visible el oro, se vierte ese caldo filtrado en una palangana y se le echa azogue para que “lo fije". Pedro, a quien la experiencia de cuatro años en el giro y su liderazgo lo han convertido en capataz de uno de los sitios, asegura que la sincronizacion lo es todo. Cuando en su mina terminan de procesar 25 sacos, otros 25 tienen que estar ya extraídos, listos para el enriquecimiento. Ellos procesan de la misma manera 250 a 300 sacos al día y las ganancias son variadas. Un día antes de conversar con él, por ejemplo, “un día muy malo” -aclara- salieron todos en su “team” con cinco mil pesos. Eso fue en la mañana porque a las dos de la tarde ya estaban de regreso en casa.
Equipos de mineros con menos integrantes significan mayores ganancias individuales cuando encuentran oro, pero también muchísimo mayor desgaste físico. Ariel y Juan prefieren hacerlo en pareja, algunos días se les suma un primo pero hoy solo son ellos. Soy testigo del descomunal desgaste que sus cuerpos sufren.
El número usual de miembros de estos teams es de cuatro o cinco y se turnan las labores para equilibrar el esfuerzo. Este no es trabajo para blandos.
En esta representación criolla de La quimera del oro, aquel legendario filme de Charles Chaplin, todos también sueñan con hacerse ricos. Y los hay que en cierta forma lo han logrado. Se conoce el caso del sobrino de Tito, quien encontró una pepita de unos 83 gramos y recibió de los compradores más de cinco millones de pesos en pago por ella. Con ellos se hizo de una casa para su familia y una moto nueva, y ahora sigue cavando, soñando con el próximo botín...
Entre la población guaimareña existen sentimientos encontrados acerca de este "emprendimiento” minero. La percepción fluctúa entre la aceptación y el rechazo.
Unos opinan que ha traído aparajedo el aumento de la violencia y la delincuencia en la ciudad: cientos de individuos de todas partes de Cuba viven hoy a tiempo completo en Guáimaro, se alquilan y forman un grupo con alto poder adquisitivo en los negocios privados de la ciudad.
Pero no todo el que llega es un ciudadano modelo, preocupado solamente por progresar. Algunos traen consigo conductas y costumbres marginales, violentas y rayanas en el pandillerismo. Han existido altercados en los lugares de extracción, incluso con armas de fuego, así como agresiones sexuales a mujeres que se prostituyen en esos sitios a donde no llega la ley.
Parte de la población considera que los mineros se están ganando los pesos con sacrificio, pues la vida está muy dura, y piensan que mejor eso a que los chinos se lleven el oro, refiriéndose a las exploraciones estatales licitadas a compañías de ese país, que sí han recibido el privilegio de participar en la extracción aurífera en el municipio camagüeyano.
Los campamentos improvisados de mineros pueden reunir a cientos de exploradores en un mismo lugar, y parecen ferias ganaderas de los años 80. En ellos encuentras desde un guantanamero antes desempleado que lleva cinco años por las minas de toda Cuba y no ve a su familia hace mucho, o un ingeniero eléctrico pinareño que se cansó de pasar hombre y necesidades con un salario estatal, o al Ariel con el que salimos esta mañana, titulado de Comercio y Gastronomía de Guáimaro, que dice preferir que le den candela antes que volver a trabajar con el estado, porque ha resuelto más en su vida en dos años en el oro que en 20 de gastronómico. Ariel tiene 35 años, estuvo casado y tiene una niña de 10, que es su vida. Estudió una profesión, la ejerció, pero los vaivenes de una economía en inflación creciente y la imposibilidad de suplir siquiera lo más elemental para su hija lo impulsaron a meterse en el oro. Asegura que nunca hizo nada ilegal, y que jamás tuvo problemas con la ley, pero afirma que su hija es lo primero y que se aburrió de verla llorar por una mochila nueva o una muñeca con música sin él poder costearla. Dice que con dinero hasta su matrimonio hubiera funcionado.
Las historias que se escuchan en estos lugares de boca de sus propios protagonistas parecen venir de otra realidad paralela, una "de película" o anclada en lo inverosímil, que muchas veces cuesta tomar como cierta. Se sabe de un equipo de excavadores que lleva meses trabajando en un recodo de tierra por el cuál personas de Camagüey les han ofrecido hasta 30 millones de pesos por él, infructuosamente. Una porción de tierra y hasta un hueco ya cavado cuesta dinero, se defiende al punto de que hay cuidadores que pernoctan armados de machetes en improvisadas casas de campaña junto al hoyo para evitar usurpadores o ladrones nocturnos.
Cuentan que cierto dueño de tierra que vio su finca invadida por mineros, se cansó de pelear con ellos y reclamar sin éxito que se retiraran y hoy cobra cuotas de miles de pesos a cada grupo de excavadores que se aventura a buscar en sus predios. Si no puedes vencerlos, únete a ellos, quizás haya pensado aquel guajiro, que encontró su lugar en el nuevo negocio.
Otros que no aceptan se quejan entonces de las molestas consecuencias, afirman que hacen los hoyos, sacan el oro, se van, los dejan abiertos solo con hierbas y ramas encima, y luego las vacas caen en ellos y se lesionan gravemente.
El panorama es tan bucólico en estas minas marginales a cielo abierto que en pleno mediodía y con el sol rajando piedras te puedes encontrar a un grupo cavando mientras escuchan música de Bebeshito en un boombox y toman cerveza fría.
Y es que alrededor del fenómeno pululan otros "emprendimientos" que dependen de la minería ilegal. Vendedores de comida y bebidas, dueños de carretones para el trasiego de tierra, de plantas y turbinas eléctricas; proveedores de picos, palas, barretas, botas de goma, sogas, sacos de nylon, linternas, agua potable, hielo, calmantes para el dolor, sombreros; vendedores de mercurio -un pomo de penicilina lleno de azogue cuesta 10 mil pesos- y por supuesto, los compradores de oro, que manejan enormes sumas de dinero y pagan allí mismo, a pie de hueco, por el material encontrado.
Un gramo de oro se paga hoy a 60 000 pesos cubanos, pero no es usual encontrar un gramo de oro. Juan lo sabe, su mayor botín en meses fue una "chispa" de 0,93 gramos. La historia de él es otra de frustración y nueva esperanza. Pasó el pre y era buen estudiante, le gustaba el deporte, comenzó a estudiar cultura física pero no pasó de 3er año, sus padres se divorciaron y asevera que todo en casa se desmoronó económicamente, apenas les daba el dinero para malcomer, prácticamente no ha salido a la calle en los últimos cinco años, no tenia dinero ni zapatos. Hoy le compra carne a su mamá todas las semanas y hasta ha aumentado de peso, tiene novia estable y ya ha ahorrado para ponerle un negocito de arreglar uñas... y dice que no se pierde ni una fiesta.
En la tardenoche, ya de regreso a la ciudad, por el mismo trillo angosto trazado a golpe de caminar diario de cientos de guaimareños -y cubanos de otras partes- acompaño a mis amigos improvisados, Juan y Ariel. Ellos, agotados, comentan que hoy no hubo mucha suerte, que esto es así, mañana puede ser mejor.
Mañana volverán a los campos de Guáimaro, a las tierras casi siempre estatales que antaño fueron “nacionalizadas” -o sea, robadas por el estado a sus legítimos propietarios- o a las fincas privadas que aún subsisten al hundimiento de la riqueza ganadera del Guáimaro tradicional. Volverán a seguir buscando fortuna, a espaldas -y a veces no tanto- de la escasa y mal cumplida ley que queda en este país. El oro de la polvorienta ciudad de Guáimaro, aunque en parte debería, tampoco irá a su hospital ni a asfaltar sus caminos, ni a mejorar las pensiones de sus ancianos o las escuelas de sus niños. Tampoco el que el estado cubano o la empresa china extrajeron, lo hizo.
El oro en ese lugar de Cuba seguirá siendo por un tiempo más fiebre y esperanza para muchos que no tienen otra cosa a lo que aferrarse en esta isla que se derrumba como una mina mal excavada, sobre los que no han salido de ella.
Nota: Todos los personajes e historias son totalmente reales, se ha protegido la identidad de los protagonistas y las fuentes cambiando sus nombres y datos relevantes.
Fotos:
Máquina de lavado, también conocida como carrito para el oro (tomada de Comentarista Anónimo/ grupo de Facebook Revolico guaimaro aki aparece de todo/ 2026.
Camino alternativo a zona aurífera (detalle de foto tomada de Facebook/ Omar Orestes Ramírez Reyes/ 2026.




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