¿A QUIÉN LE IMPORTAN LOS MASONES? EL RÉGIMEN CUBANO TIEMBLA
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✍️ Barsine Sáinz
Cuando pienso en la masonería, veo el último dique de contención contra un poder que todo lo corrompe. Experto en dividir, infiltrar y silenciar, el régimen lleva décadas observando a la masonería con la misma inquietud con la que mira a un enemigo al que no sabe cómo etiquetar. No es una iglesia, no es un partido político, no es una ONG extranjera. Es una fraternidad global.
En Mangos de Baraguá, un general español (Martínez Campos) y un lugarteniente cubano (Antonio Maceo), ambos masones, estuvieron sentados debatiendo juntos. Y aunque sus armas apuntaban a bandos distintos, lo hicieron con respeto. ¿Se imaginan algo así hoy entre un general del MINFAR y un opositor? Ni soñando. En la isla no se concibe la discrepancia sin violencia, ni el disenso sin cárcel.
Esa tradición de hermandad por encima de las trincheras políticas pesa. Lo vimos el 11 de julio de 2021. Cuando el dictador Miguel Díaz-Canel dio la orden de combate para aplastar las protestas, la masonería no se escondió. No fue un gesto improvisado; fue la consecuencia lógica de principios que predican libertad, igualdad y fraternidad en un país donde el Estado secuestra esos conceptos.
¿Cuál fue la respuesta del MINJUS? Acoso, citaciones policiales y presión ahora, para que el máximo representante de la orden abandone su puesto. Le imputan cargos, lo interrogan. No son militantes pagados, no son turbas oficiales. Los masones son panaderos, médicos, profesores y campesinos que hacen un acto de rebeldía mayúsculo con solo plantarse en la acera, a esperar a su líder. Esa solidaridad orgánica es la que aterra al poder, no se compra con un carnet ni se disuelve con un decreto.
El caso de José Daniel Ferrer es la regla. Masón, varias veces encarcelado y finalmente empujado al exilio. Su biografía es un manual de cómo el régimen neutraliza a quienes tienen principios. Si eres coherente, te aíslan; si insistes, te encierran; si persistes, te expulsan. La integridad, en el contexto actual, es más subversiva que cualquier consigna lanzada desde Miami.
El cubano de a pie, el que no sabe que Maceo era masón, quizá no entienda por qué esta fraternidad importa. Pero el régimen lo sabe muy bien. Por eso desespera. El control absoluto tiene una grieta. Y por esa grieta, tarde o temprano, puede colarse la libertad.
📷 Barsine Sáinz




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