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FÚTBOL CUBANO: UNA NOVELA NEGRA

  • hace 1 día
  • 2 min de lectura

✍️ Alejandra García


En 1938, Cuba llegó a los cuartos de final de un Mundial. Cuba. La isla del béisbol, el dominó y los apagones. Viajaron a Francia con 16 jugadores —cuando se permitían 20— y eliminaron a Rumanía. Los llamaron Los Leones del Caribe. Ochenta y ocho años después, el rugido solo se escucha cortado en YouTube.


El estadio más famoso del mundo se llama Santiago Bernabéu. Su madre, Antonia de Yeste, era cubana. De Camagüey. El templo más sagrado del fútbol universal lleva sangre de la isla. La isla, agradecida, le dedica un estadio en “remodelación permanente para cumplir normas FIFA”. Provisional que se volvió eterno, como el período especial.


Luego está Zulueta, en la provincia de Villa Clara, oficialmente la cuna del fútbol cubano. Tiene un monumento al balón en el parque central —el único en todo el país— y un estadio que los propios jugadores han desyerbado a machete antes de competir. Lo prometieron con estándares internacionales. Hoy no clasifica ni para semifinal de liga. La metáfora perfecta: un balón de piedra que no rueda.


Todo esto lo administra el INDER, que ha convertido el talento en burocracia y la pasión en expediente. La solución vendrá el día que un empresario cubano pueda invertir en canchas, academias e infraestructura real. Que el dinero privado construya lo que el Estado lleva décadas prometiendo. Y el INDER simplemente se haga a un lado.


Mientras tanto, el talento emigró y floreció. Alberto Moleiro, hijo de cubano, porta el 10 en Las Palmas de España. Matteo Cancellieri, de madre cubana, debutó con Italia. Jenry Hernández, quince años, se forma en la cantera del Real Madrid. La selección nacionaliza hijos de emigrantes para competir con Islas Turcas y Caicos. Y las chicas también juegan: existe Fembolers en La Habana, mujeres que se reúnen cada semana con un balón y sin permiso de nadie. Cuba tiene incluso árbitras FIFA. Pero para arbitrar hay que tener campo.


Y hoy —con el Mundial arrancado el 11 de junio y la final el 19 de julio en Nueva Jersey— hay 48 selecciones jugando y nuestro país lo ve desde afuera. A mí me apasiona el fútbol. Grito, me desespero con el marcador, me sube la presión. Sueño con ver la bandera cubana en un Mundial. Solo eso. Mientras tanto, intento ver un gol en YouTube con dos megas y el corazón en la garganta. Porque el fútbol cubano es pura ficción.


📷 Monumento al fútbol en Zulueta, Villa Clara | Web | Excelencias Cuba

 
 
 

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