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DE CARACAS A LA GUAIRA

  • hace 3 horas
  • 2 min de lectura

✍️ Amelia Pérez


¡Para la ambulancia esa! Tiempo de un terremoto social. Guarimba, le decían. En un Centro de Diagnóstico Integral (CDI), el doctor cubano Roly, intensivista, no tenía ya recursos para ese pana venezolano con el pie cortado de tajo por la caída de una losa. Demasiada sangre perdida, enorme la demora cuando de una cirugía urgente se trata.


Estaba prohibido salir en bata de médico a la avenida. Aun así, Roly se aventuró al tráfico vehicular. Vio venir una ambulancia con las luces apagadas, la ideal. Se tiró enfrente de ella, tuvo que frenar y al fin el traslado al hospital Periférico de Caracas tuvo lugar. Una hora más, y su paciente no sobreviviría.


Hoy, Roly está por segunda vez en Venezuela, lleva dos años allí. Tiene amigos venezolanos en varios estados. Le ha sorprendido el giro que ha dado la realidad cotidiana. Se pregunta si la misión médica continuará, hay muchas carencias.


Perdido en sus pensamientos estaba cuando todo comenzó a sacudirse. Corrió escaleras abajo y gritó: ¡A la avenida! En el este de Caracas siempre hay más condiciones, pero no aplican a toda la población que allí vive.


Todo se sacude por segunda vez, logran sobrevivir junto a los demás, hechos una piña en plena calle. Hay quienes corren gritando, ellos solo se abrazan. De inmediato comienzan a llegar pacientes heridos, urbanizaciones altas han caído desplomadas, incluso aquellas que parecían protegidas en condominios.


Improvisa, da órdenes, arma un triage en medio del patio del CDI. Arrastra allí las camas de terapia intensiva y hospitalización, canaliza vías venosas, sutura, estabiliza fracturas con lo que aparece, todo a la luz del último móvil con batería. La noche es eterna. Él sabe muy bien que los médicos cubanos deben valerse por sí mismos en cualquier circunstancia, nadie los cuida.


No se lanza a levantar escombros a pesar de su instinto, sabe que es labor de rescatistas entrenados. No hay tránsito viable, nadie descansa. Sin hambre ni sueño, a su alrededor hay enfermeras venezolanas que nadie convocó, gente que ayuda como puede, sin ser incluso personal de salud.


Roly sabe que el país no está preparado para lo que ven sus ojos. Se necesita ayuda humanitaria inmediata. Si antes no había de nada, ahora solo quedan seres humanos de Caracas a La Guaira, devastados.


*Este es un texto literario


📷 Escombros de viviendas en Venezuela | Web | AFP

 
 
 

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