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RECOGIDA DE RESIDUOS Y OTROS SERVICIOS PÚBLICOS EN CRISIS

  • hace 2 días
  • 2 min de lectura

Lupe Fernández


¿Recogida de residuos? Cada vez nos vemos más hundidos en pirámides de basura en las que pululan ratones, cucarachas, moscas y demás bichos perjudiciales para la salud.


¿Alcantarillado? Numerosos registros están tupidos o rotos. Las aguas albañales corren por las calles, provocan inundaciones y amenazan con contaminar el manto freático.


¿Servicio de gas? Quienes dependemos de las balitas podemos pasar meses sin recibirlas, mientras el suministro del llamado gas de la calle también es inestable en las zonas que cuentan con él.


¿Servicios de emergencia? Con frecuencia conocemos casos de demoras que ponen en riesgo vidas y pueden tener consecuencias fatales.


¿Agua potable? En numerosas comunidades se denuncia el deterioro de su calidad. Hay lugares donde el servicio falta durante meses e incluso años, mientras la población queda indefensa ante la indiferencia del estado cubano.


Nos piden más sacrificios en un país cuya inestabilidad económica hace cada día más difícil adquirir alimentos, artículos de aseo o ropa. Un litro de aceite, un cartón de huevos o una bolsa de leche pueden consumir una parte considerable del salario mensual. Un medicamento esencial puede superar los mil pesos. Hay pacientes que deben llevar hasta los insumos más básicos para una operación, incluso urgente, porque faltan en el hospital. A ello se suman la suciedad y las denuncias de chinches en algunas instalaciones.


Cada vez con mayor frecuencia, el estado descarga parte de sus responsabilidades en la ciudadanía y el sector privado. Presenta las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), la apertura de farmacias particulares, los paneles solares y cuanto invento exista como soluciones para obtener algo de electricidad o conservar los alimentos.


Si el discurso oficial sostiene que nadie quedará desamparado, ¿dónde están los alimentos para las personas mayores y la niñez? ¿Dónde están las dietas médicas para quienes padecen cáncer o diabetes, por mencionar dos de los grupos más afectados?


También se deterioran los servicios funerarios y de transporte.


Y, para cerrar esta lista inagotable de calamidades, está la falta de efectivo en los bancos. Cobrar una pensión se ha convertido en una angustia. Ahora se intenta trasladar parte de esa responsabilidad a comercios estatales y privados, sin resultados suficientes hasta el momento.


Por eso me pregunto: en un país que se hunde cada vez más en el infierno de la mera supervivencia, ¿cuál será el camino? ¿Resistir otros 67 años?

 
 
 

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