top of page

ONCE DE JULIO

  • hace 56 minutos
  • 2 min de lectura

✍️ Pedro Armando Junco


Todavía resuena en mi memoria aquella frase arrogante y despiadada de Díaz-Canel el 11 de julio de 2021: "¡La orden de combate está dada!"


Se anunció cuando, una tras otra, se incorporaban a protestas pacíficas hasta las más remotas poblaciones de la isla. Gracias a Internet, los pueblos se iban enterando y se sumaban. Y entonces se anunció que el "presidente" ofrecería un mensaje a la población.


Hubo hasta un resquicio de esperanza: una noticia reconciliadora y generosa; un primer paso a la escucha de un pueblo desesperado que solamente pedía libertad; un entendimiento, una propuesta de paz ante una población desarmada y sin líderes, cuyo único móvil de unión había sido el no poder aguantar más la miseria y las arbitrariedades.


Y se engañaron los desconocedores de la historia. Porque las tiranías, cuando tienen la fuerza a su favor, ni claudican ni ofrecen concesiones.


Se abrieron las puertas a los grupos paramilitares, conocidos como Brigadas de Respuesta Rápida. Se golpeó y se arrestó a miles de civiles indefensos, hasta conseguir aplastar la protesta.


Un caso muy conocido en Camagüey fue el del batazo propinado en la cabeza del sacerdote Castor Álvarez, que, como si hubiese sido poco el golpe, fue encerrado en una mazmorra.


Sin embargo, la situación este 11 de julio tiene connotaciones diferentes: la crisis humanitaria ha superado todas las causales de hace cinco años. La hambruna alcanza a un gran porcentaje de la población. Escasean recursos esenciales que entonces estaban disponibles. Incluso me atrevo a asegurar que hasta las Brigadas de Respuesta Rápida cuentan ahora con menos participantes.


Si a eso podemos agregar un portaaviones y sus barcos acompañantes tan cerca de la isla, cualquier especulación puede resultar válida, incluyendo un final dramático.


📷 Agentes de la Seguridad del Estado apresan a Henry Constantin el 11 de julio de 2021 | Archivo de La Hora de Cuba

 
 
 
bottom of page