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NECESITO AGUA PARA VIVIR

hace 9 minutos
3 min de lectura

✍️ Eloísa García


En el baño de mi casa apenas cabe una persona. En el área de la ducha hay un tanque grande y al lado uno mediano. Tres cubetas, siete porrones, un cesto hermético de los que se usan para la basura del patio, una cava de las que muchos solemos llevar a la playa con cervecita, agua y huelo para mantenernos fresquitos y sabrosos bajo el sol, cerquita del mar... Y ollas. Hay ollas regadas por todas partes. Múltiples cacharros convertidos en reservorio de agua.


Ya se vació el tanque mediano, el cesto, la cava, las ollas, los porrones, las cubetas. Solo me queda el tanque grande, y esa agua me tiene que alcanzar para cocinar y para bañarnos hasta que me la pongan.


Hace tres días que no limpio. La loza y las ollas sucias las meto en una palangana grande para fregar todo de una sola vez. Es la forma que encontré para estirar el agua que me queda, porque es muy probable que me toque pasar una semana así. Ahora mismo siento vergüenza al decir que llevo una semana sin agua; en Camagüey, donde vivo, conozco personas que llevan meses sin ella.


Justo ayer vi en redes sociales un video, creo que en La Habana Vieja: una pipa y una cola enorme de personas con cubos, con tanques, con porrones cargados en carretillas. Algunos se iban con sus envases llenos, otros regresaban para volver a cargar. ¿Será el universo que conspira, o que el teléfono nos escucha? Yo pensando en agua, mencionando el agua, y de repente veo esta escena en cualquier red social.


Luego sigue otro video: una mujer que muestra su tanque casi lleno. Qué suerte, ¿no?, podría pensar. Hasta que la escucho. Cuenta que lleva un mes sin que entre agua por las tuberías en su zona, y que tuvo que caminar más de tres horas bajo el sol para dar tres viajes con una carretilla y tener su tanque así. Que antes se hacía cola para coger el pollo, dice, y ahora es para el agua. De la libreta de la bodega pasamos a la carretilla.


El agua es un derecho. Y este problema no es reciente: hay zonas en Cuba que llevan años así. Y no es una provincia o dos, como La Habana o Camagüey: son más. Según el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, 2.7 millones de personas tienen el servicio afectado. Detrás de cada una, tal vez haya un baño lleno de recipientes como el mío.


Las autoridades lo atribuyen sobre todo a los apagones. Claro, las bombas necesitan corriente para funcionar. Todos necesitamos corriente, agua, comida, medicamentos, calles limpias, casas que no se caigan a pedazos. La calidad de vida es un derecho.


¿Saben qué es lo peor? Que al menos en mi casa, cuando el agua llega después de tantos días y abres la tubería, lo que sale es fango. ¿Te imaginas el dolor? ¿Te imaginas la impotencia? Yo, en alguna ocasión, vi hasta bichos, no sé, como gusanos, seres vivos que se distinguen sin microscopio, salir en medio de todo ese fango. Y yo me pregunto: ¿para qué sirve esa agua, si es que se le puede llamar así?


Hay una frase que he escuchado varias veces y hay quien se le atribuye a Maquiavelo. No sé si le pertenece o no, pero dice algo así como: Mantén al pueblo pobre y ocupado. Los cuerpos agotados no tendrán fuerzas para rebelarse. Sea de quien sea, describe con precisión lo que se vive en este país.


Estamos hablando de personas, de un pueblo que ya tiene el cuerpo cansado de cargar, la mente embotada de esperar soluciones que no llegan, o de simplemente no poder hacer nada para mejorar su realidad. Estamos hablando de seres humanos agobiados de acumular tragedias, desastres, miserias.


Yo solo quiero poder bañarme, cocinar, limpiar, vivir. Necesito agua para vivir.


📷 Anet García

 
 
 

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