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¿HUBO TIEMPOS MEJORES?

hace 11 minutos
2 min de lectura

Lien Estrada


Un amigo y yo rondábamos los treinta años cuando pasamos por una calle llena de cafeterías y restaurantes. Nos detuvimos a mirar a los adolescentes que comían, bebían y se divertían. Parecían tener más lugares adonde ir y más oportunidades de disfrutar que las que nosotros habíamos tenido.


Nuestra adolescencia transcurrió en el llamado período especial, aquella crisis de los años noventa en la que faltaban comida, ropa, zapatos y otros artículos de primera necesidad. Antes tampoco habíamos conocido la abundancia: juguetes por cupón, prendas de vestir por asignación y electrodomésticos concedidos por méritos laborales, según la votación de los trabajadores en las reuniones sindicales.


Habíamos vivido entre dificultades. Por eso aquella juventud alegre nos llamaba tanto la atención.


Mi amigo terminó yéndose a Estados Unidos. Otras amistades partieron hacia Brasil, España, México, Polonia o Rusia. Después llegaron la pandemia de COVID y nuevos «cambios económicos». Desaparecieron establecimientos y surgieron otros, incluidos negocios gastronómicos con precios que nunca imaginamos ver en el menú de una tierra que se proclamaba socialista.


Hoy paso por esas mismas calles y ya no encuentro aquella escena que nos hizo pensar en una generación más dichosa. Veo pocos comensales. Me pregunto cómo consiguen mantener abiertos tantos locales, aunque siempre haya alguien con dinero para consumir. Los turistas que no han podido llevarse a sus novias, por ejemplo.


Hubo momentos de esperanza e incluso de aparente esplendor. Llegamos a sentir que el país renacía de sus cenizas, como el ave fénix, después de haber caído muy por debajo de cero en lo económico y en todo lo que eso implica. Pero era como si la ideología (maldición, diría alguien que creyera en maleficios) y el poder —con sus políticas de control y sus restricciones en nombre de la justicia social— lo oscurecieran, lo complicaran todo una y otra y otra vez.


A pesar de los descalabros, seguimos esperando cambios que mejoren la vida de verdad. Que la esperanza encuentre respaldo en los hechos. Que podamos tener una existencia digna, sin tantos sacrificios en vano ni tanto sufrimiento.


📷 Lien Estrada

 
 
 

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