HISTORIAS E HISTERIAS
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✍️ Pedro Armando Junco
Es razón de orgullo para los camagüeyanos que el 4 de julio de 1851, casi dos décadas previas al Grito de Yara, se produjera en estas tierras el alzamiento de Jucaral.
El joven de solo 34 años, Joaquín de Agüero y Agüero, junto a un reducido grupo de patriotas principeños (aún el gentilicio camagüeyano no existía), se levantó en armas contra el dominio español.
Pero el alzamiento fracasó. Al cabo de pocos días los rebeldes fueron capturados y condenados a muerte cuatro de ellos.
De poco serviría el pedido de clemencia del obispo español Antonio María Claret y otras personalidades influyentes de la época. En la mañana del 12 de agosto de 1851, a solo 37 días del alzamiento, fueron llevados a la sabana de Méndez Joaquín de Agüero y Agüero, Tomás Betancourt Zayas, Miguel Benavides Pardo y Fernando de Zayas Cisneros, para ser ejecutados por fusilamiento.
El hecho sacudió a Puerto Príncipe. Según cronistas de la época, al día siguiente de los fusilamientos muchas damas principeñas se cortaron el cabello en señal de luto.
La sombra de la bota española traería más tarde nuevos héroes y nuevos mártires. Y Cuba alcanzaría su independencia. Y nuevas generaciones, otrora principeñas y ahora camagüeyanas, rendirían honor a sus memorias construyendo el más moderno y emblemático de los repartos residenciales de la ciudad. Sus nombres ornamentan sus calles, y la más atractiva y funcional de sus avenidas marca el eterno recordatorio de las víctimas: Avenida de los Mártires.
Pero allá, en la antigua sabana de Méndez (hoy Plaza Joaquín de Agüero), donde se erigió el obelisco recordatorio hace apenas 28 años, en honor a quienes entregaron su vida por nuestra libertad, se levanta hoy uno de los vertederos más extensos del territorio. Millares de repugnantes bolsas de desperdicios suplen las flores que deberían adornar el sitio.
📷 Pedro Armando Junco






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