top of page

GRACIAS POR LA "PREOCUPACIÓN", AGENTES

hace 10 minutos
3 min de lectura

✍️ Alejandra García


Este 9 de octubre fue mi segunda visita programada con Henry. Llegué a Kilo 7, en el reparto Albaisa, en la ciudad de Camagüey, y esperé con un libro en las manos. Ya intuía que sería otra visita en una oficina aparte. Entonces vi por la ventana a alguien conocido: el agente de la Seguridad del Estado (SE), Felipe. Se quedó mirándome y yo a él. Supe que el día no iba a terminar en la puerta de la cárcel.


Una oficial (no la de la vez pasada) me condujo hasta la oficina, después de todos los procedimientos que exige una prisión. Y por fin abracé a Henry. Los dos sonreímos. De 12:00 p. m. a 2:00 p. m. compartimos un rato, siempre bajo la mirada de otro oficial. Pude dejarle pertenencias, alimentos y líquidos. Lo encontré tranquilo, con buena salud, optimista y seguro de que Cuba será libre. Lo escuché decir que este es un desafío que le tocó asumir y que va a superar.


Me regaló una rosa. La guardo como el mayor de mis tesoros: él sabe que las cosas simples me llenan.


Al despedirnos, me pidieron que esperara un momento. En pocos minutos aparecieron dos agentes de la SE. A Felipe ya lo conocía de otras detenciones y otros momentos poco agradables. El otro se presentó como Frank. Ellos lo llamaron un "diálogo amistoso". Para mí fue un interrogatorio.


Jugaron al policía bueno y al policía malo. El cine enseña, la literatura también, y a mí el neo noir me encanta. No faltaron las amenazas, o las advertencias, como prefieran llamarlas, siempre dentro de esa "conversación entre amigos": que podemos ayudarte, que no tienes que pasar por esto, que el proceso puede ser más corto, que no quieres que tu gente sufra, que no quieres que te pase algo y que Henry se preocupe y se desestabilice.


Era una visita familiar. No cometí ningún delito: solo fui a ver a mi pareja, a quien ellos mantienen recluido injustamente. Nada de eso justifica un interrogatorio, y aun así me preguntaron, con mucha "amabilidad", por mi familia: mi hermana en el extranjero, mi abuela, mi madre, mi padre. Solo les faltó mencionar a mi perro y a mis gatos. Todos están bien, agentes. Gracias por la "preocupación".


Dijeron que no querían que a mí me pasara algo y que Henry se preocupara. Qué considerados. Yo les devuelvo la atención: Henry está bajo custodia del régimen, y su integridad y sus garantías son responsabilidad de quienes lo mantienen recluido.


Los amigos no hacen eso. Esto no fue una reunión, hay que llamarlo con los apelativos que lleva: acoso e intimidación. Es un mecanismo de control y un juego retorcido que se aplica a periodistas independientes, activistas, influencers, gente de la sociedad civil. No es la primera vez y no será la última.


Y no soy la primera en La Hora de Cuba. Desde hace años, ese acoso ha tocado a otros miembros del equipo: a nuestra vicedirectora, Iris Mariño, a redactores, a colaboradores. Citaciones, detenciones, interrogatorios. Cambian los nombres y los escenarios, pero el guion es el mismo. Y sigue sin ser un delito informar.


Henry, mi novio, uno de los seres que más admiro, está en esa prisión por decir la verdad, por atreverse a ejercer su derecho a la libertad de expresión. Y sí, he leído la Constitución.


Tengo la misión de comunicar, y lo haré. Siempre he sido sincera en todo lo que escribo y digo, y no pienso dejar de serlo porque alguien se incomode. Solo aspiro a estar, y a mantenerme, del lado correcto de la historia.


Lo dejo claro aquí y donde haga falta, para que quede por escrito: a Henry le inventaron un delito y lo construyeron todo sobre mentiras.


Antes de irme, Frank, sentado frente a mí, me dijo que en mis manos estaba escoger la forma fácil o la difícil. Felipe, a mi lado, escuchaba. Lo miré a los ojos y le contesté:


Henry se mantiene firme. Y yo estoy firme con él.



📷 Henry Constantin

 
 
 

Comentarios


bottom of page