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FUEGO QUE NO SE EXTINGUE

  • 22 mar
  • 2 Min. de lectura

✍️ Anet García


Huelo humo a lo lejos. Es de noche, podría ser cualquier familia cubana cocinando con leña o calentando agua para bañarse, pero yo pienso en hogueras, en fusiles, en la necedad de Silvio y en perretas revolucionarias.


Hemos asistido a la segunda semana de protestas consecutivas, y no solo en La Habana. Ya son tantos los barrios que no logro recordarlos. En Morón hay un niño preso; en San Antonio de los Baños, un cardiópata... y en algún lugar de Camagüey están tomando nota de los religiosos, extrañamente a mitad de curso. Son muchos los presos y las libertades que nos niegan.


Silvio acapara titulares con su AKM. Cambia al cabo de su vejez un arma que hacía soñar y llorar de emoción —la guitarra— por un arma para matar. ¿Matar a quién? ¿Al invasor? ¿Al pueblo hambriento?


Esta semana movilizaron a un amigo mío, y una se pregunta cómo será ese momento en que debes elegir golpear o disparar, o sufrir las terribles consecuencias de tu negativa. Y una reza para que no pase nada que lo obligue a elegir, para que pueda mirar a sus hijos en el futuro sin sentir vergüenza.


El jueves, otro amigo fue víctima de una perreta revolucionaria, delante de sus niños, y todo por diferencias de criterios, porque él no se esconde para expresar lo que piensa. Aunque lo dice con educación y con argumentos, recibe gritos y consignas por respuesta de gente que cada vez cae más bajo en su servilismo.


Huele a humo todavía. Alguien ha encendido un pequeño fuego que no se extingue entre tanta hierba seca...


Cuba arde. Cuba llora. Cuba espera.


📷 Anet García

 
 
 

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