top of page

ENTRE ESPINAS, FLORES

  • hace 2 días
  • 2 Min. de lectura

✍️ Anet García


Mírame, madre, y por tu amor no llores:

Si esclavo de mi edad y mis doctrinas

Tu mártir corazón llené de espinas,

Piensa que nacen entre espinas flores.

José Martí


Mayo, un mayo más triste que el anterior, quizá, para muchos. Porque alrededor del Día de la Madres pesan más las ausencias, se hace frágil la esperanza y los detalles y viajes para saludar o agasajar a las que nos quedan suman demasiados ceros y esfuerzo.


Luego está esa otra realidad sombría: la de Norma Diaz en Camagüey; Marta Perdomo en San José de las Lajas; Sonia Álvarez en Perico; Minervina Burgos en Morón; y Ailex Marcano en los Estados Unidos. Todas tienen algo en común: un hijo preso político, y en el caso de Marta, dos. Y más allá está Lizandra Góngora, madre de cinco, tres de ellos menores de edad, con una condena de catorce años a cuestas y otra de destierro prácticamente, porque entre ella y su prole está el mar y las dificultades de movilidad entre la isla grande y la pequeña de los pinos.


No son las únicas que lo tienen difícil, hay más dentro y fuera de los barrotes. Para ellas, el Día de las Madres es un calvario; y el que no es de las madres, también. Cualquier día sin libertad puede ser un calvario en Cuba: cualquier esperanza de amnistía o solución sin suficiente apoyo, endeble, fugaz, lejana.


Pepe Martí, encarcelado a la misma edad que Jonathan Muir, intentó consolar a su madre con unas líneas al reverso de su foto en prisión: “Piensa que nacen, entre espinas, flores”. Algún tiempo después, desde el destierro en España, escribió: “Y yo todavía no sé odiar”. Eso son flores; un alma sin rencor.


Para nuestras madres cubanas, que sufren doblemente la prisión injusta en carne propia, las flores prometidas de este día estarán llenas de espinas, como esa planta a la que llaman Corona de Cristo.


📷 Anet García

 
 
 

Comentarios


bottom of page