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EL PARQUE DE LA CALLE MATADERO

  • hace 20 horas
  • 2 min de lectura



Pedro Armando Junco


El pequeño parque de la calle Matadero, en Camagüey, es uno de los terrenos acondicionados durante los años en que Jorge Luis Tapia Fonseca ejerció como primer secretario del Partido Comunista de Cuba en la provincia. Forma parte de los pequeños espacios verdes situados junto al río Hatibonico, que separa el centro histórico del resto de nuestra querida ciudad.


Quizás haya sido un intento de Tapia por dejar su huella. Lo cierto es que los bancos de cemento construidos en las orillas del Hatibonico, los almendros plantados para dar sombra y la limpieza de las márgenes permitieron a muchas personas de la zona disfrutar allí del aire húmedo y refrescante de los atardeceres.


Y ese es el caso al que voy a referirme. El pequeño parque de la calle Matadero era un lugar atractivo y saludable, predilecto de las niñas y los niños de la barriada para sus juegos. Tampoco faltaban quienes ocupaban la media docena de bancos de concreto a la sombra de los tres frondosos almendros.


Pero alguien —acaso una persona de los alrededores, según la información que me llega— se habría molestado por la bulla de los más chicos y por la concurrencia de personas adultas al lugar. Habría decidido secar los almendros: perforó la tierra alrededor de los troncos y vertió petróleo.


Los árboles se marchitaron en apenas unos meses. Uno de los troncos secos ya se desplomó y los otros dos quedaron reducidos a esqueletos. Las niñas y los niños dejaron de ir a jugar, y quienes viven en el barrio buscan otros lugares con sombra para pasar las tardes.


Sin embargo, lo más hiriente de esta escena, en apariencia peculiar pero que seguramente se repite en otros lugares del país, es que las autoridades no se dan por enteradas de que un hecho como este constituye un sabotaje deliberado contra la sociedad y el medioambiente.

 
 
 
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