SED DE JUSTICIA, SED DE UNA VIDA DIGNA
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✍️ Anet García
Hace unos años nos emocionaba ver a los protagonistas de los reality shows de supervivencia buscando comida y agua potable en medio de la jungla, haciendo fogatas con ramitas, disputándose el territorio con animales salvajes y durmiendo a la intemperie. Ahora los protagonistas somos nosotros, y cuando pasamos de nivel, como en un videojuego, aumenta la dificultad. El régimen se empeña en hacernos polvo, digo, en hacernos cada vez más resilientes.
Las primeras grandes civilizaciones florecieron a orillas de ríos de inmenso caudal como el Nilo, el Tigris, el Éufrates, el Indo y el Huang He. No era una cuestión de paisaje, sino de supervivencia estratégica. El ser humano necesita agua, y no solo para beber, también para lavar y preparar los alimentos, para la higiene, los cultivos y para sofocar incendios como el de ayer en Alquízar.
Antes de la electricidad, era el agua, antes del Internet, de la educación, de las carreteras, incluso, antes de tomar conciencia de la necesidad de libertad.
Hace algunos años, la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció el acceso al agua potable y al saneamiento como un derecho humano. Esto significa que el agua no es un lujo ni una mercancía, sino una condición indispensable para poder ejercer otros derechos como la salud, la educación y el trabajo.
El agua no asegura por sí sola una vida digna. Pero asegura hasta cierto punto una premisa básica: la vida misma. Hoy, debido a los infinitos apagones que el régimen aplica de forma arbitraria, nos enfrentamos también a la amenaza de una vida sin agua corriente.
En los últimos meses hemos visto o leído en las redes sociales sobre vecinos de Guanabo, Centro Habana, El Cerro, Luyanó, Santos Suárez y un largo etcétera, protestando, entre otras cosas, por la falta de agua. En el resto del país puede demorar de diez días a tres semanas, y más. No hay explicación —o la que hay ya no nos convence—, no hay planes de contingencia, no hay capacidad de gestión, y cada día menos personas poseen capital para comprar agua, ya sea en porrones o pipas.
Podemos ordeñar las nubes, ir con cubos al río, esperar a que los funcionarios del régimen den la orden de encender los motores, chupar la manguera, aguardar pacientemente a que los vecinos con EcoFlow y ladrón de agua rebosen sus tanques y cruzar los dedos para que nos dé tiempo de llenar antes que la quiten... Pero aun así, aunque logremos almacenar el líquido básico para los próximos días, siempre nos quedará la sed de justicia y de una vida digna, que no se sacia solo con agua sino con cambios estructurales profundos.
📷 Anet García
