¿OJO POR OJO?

✍️ Ámbar Ferrara
Regresaba de comprar el pan cuando sentí el griterío. Eran cerca de las siete y empezaba a clarear. Me acerqué con temor; lo primero que vino a mi mente fue un accidente, o alguna bronca de borrachos.
Se vociferaban ofensas y sentí repetidos golpes secos. Entonces me di cuenta. Estaba atado a un poste, con una raída camiseta manchada de sangre, los ojos desorbitados y con ligeros temblores en el cuerpo. Sentí el horror al ver su rostro desencajado. Se me volcó el estómago al reconocerlo: era el hijo menor de Carmen. Dios mío, un niño de diecisiete años.
A su alrededor se seguía congregando la multitud. Un hombre le gritaba enloquecido: lo había sorprendido robándole una lámpara solar. Le había ocupado la mochila con otros objetos sustraídos como evidencia. Una mujer decía que esperaran a las autoridades. Otro respondía que la policía estuvo tres horas atrás y se fue.
Había quien trataba de aplacar la situación. Le pedían al hombre que se calmara, que no golpeara más. Otros le decían al muchacho que era un desvergonzado, que debería estar trabajando, que los campos están vacíos y él se veía bastante saludable.
Pensé en Carmen, la bibliotecaria de la escuela primaria donde estudié, siempre amable y con una sonrisa para todos. Recuerdo al niño: lo llevaba a menudo porque no tenía quien se lo cuidara. Era tímido, tranquilo. Luego nos enteramos de que se mudó para cuidar a su mamá, que se enfermó de los nervios, porque su papá, veterano de Angola, se había suicidado durante la epidemia de covid.
El niño amarrado al poste es el nieto de un "héroe". No sé mucho del trasfondo de su vida; tal vez se descarrió por la desesperación, la pobreza, las malas decisiones, la frustración. No soy quien para juzgar. Lo que sí es preocupante es cómo en menos de cinco años he visto aumentar la delincuencia juvenil en este barrio, y cada caso deja una huella diferente.
No soy ingenua. El peso de la ley debe caer sobre el que la infringe, y tampoco la pobreza es una excusa para delinquir. En este caso, veo a un niño bajo condiciones vulnerables cuya historia familiar lo forzó al mal camino. Quizás, con una buena guía, pueda encaminar su vida. Quizás no.
Hoy el ciudadano se siente desprotegido, a merced de los delincuentes comunes. He visto patrullas pasar sin detenerse. He visto vecinos atrapar al culpable y mantenerlo atado hasta que aparezca la policía. Escenas dantescas donde se evidencia la falta de ley y orden, y que en muchos casos llevan a que los ciudadanos tomen la justicia por sus manos.
Por ese camino, si la situación continúa agravándose, las comunidades tendrán que resguardarse ante la inacción policial y el desdén del régimen ante el verdadero crimen.
En este limbo moral, aumenta la crueldad y la deshumanización. Las noches cubanas serán largas. Cuando el hombre se convierte en juez y verdugo de su vecino, algo muere en todos. El mismo Cristo dijo que el que no tenga pecado arroje la primera piedra. Hoy, el pueblo cubano arroja piedras porque no hay ley que alcance. ¿Quién recogerá los cuerpos, cuando las manos que deberían proteger estén vacías?
📷 Anet García




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