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LO QUE DICE EL ESTADO VS REALIDAD

  • hace 21 horas
  • 2 min de lectura


✍️ Lien Estrada


Cuando decides tomar un carro para cualquier destino, sabes de entrada que has de pagar una fortuna: por los comentarios que hacen los choferes sobre su poca asignación de gasolina, por el precio de este combustible en el mercado informal, por lo cara que continúa siendo la vida.


Y te sientas en los asientos de adelante o en el último de atrás, y te encuentras la tarifa establecida, que no tiene absolutamente nada que ver con la que tienes que pagar. La diferencia es tan abismal que no puede dejarte indiferente.


Pero al mismo tiempo no te indignas lo suficiente como para espetarle al chofer: Usted me está robando y no voy a pagarle lo que me pide, sino lo que está ahí puesto en sus cristales. Tampoco lo vas a amenazar con los inspectores o la policía, y si tienes esa cantidad, tampoco te vas a bajar del auto para esperar que llegue ese chofer honesto que te cobre lo "justo".


Es como si lo hubieras interiorizado de tal forma que te resignas a la posible estafa. Porque hace mucho tiempo —y cuando digo mucho tiempo no hablo de años, sino de décadas— que el maltrato, el abuso y la explotación son el pan de cada día en la sociedad cubana.


Te resignas, y hasta te solidarizas con el chofer, y comienzas a hablar del mismo tema: los precios de ahora, qué caro está todo, y mira que la economía no levanta, que nunca levantó. Y el chofer te hace un inventario de lo que cuestan las piezas cuando se rompen, además de la gasolina que está por las nubes y todo lo demás, que es para taparse los ojos y los oídos.


Y te percatas, tristemente, de que no es el transporte: lo es todo. Una cuestión es lo que está establecido por ley, y otra es la realidad con la que tienes que batirte. Y así estamos, o mejor dicho, seguimos estando, y peor aún, sin saber hasta cuándo. Los límites del desastre actual no se vislumbran en horizonte alguno.


Por eso, cuando dialogué con un señor que sirvió al ejército después de 1959 y me dijo: "Ya aquí no hay gobierno", no fue tanta mi sorpresa. Es más: no debería sorprenderme en lo más mínimo escuchar esas respuestas de las propias tropas del estado.


Porque lo que sentimos casi todas las personas que estamos viviendo en estos momentos en Cuba es precisamente eso: estar sin gobierno, sin ley, sin derechos. Y obvio, no es una experiencia agradable. Si el propio estado no se interesa ni siquiera en dar explicaciones, es tiempo de sobra para que el resto lo pensemos y revirtamos la situación que realmente percibimos como extrema.


📷 Lien Estrada

 
 
 

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