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¡LLUEVEN MUERTOS! LA VIDA COTIDIANA EN UN PAÍS SIN INSUMOS

  • hace 3 horas
  • 2 min de lectura

✍️ Barsine Sáinz


Cambian de rumbo las conversaciones. En una acera de Centro Habana se conversa y se juega dominó estruendosamente. Alguien llega a la mesa viniendo del policlínico, con la presión arterial disparada, pregunta casi en automático: ¿Alguien tiene un captopril? En el cuerpo de guardia del policlínico no hay, usé gotas de limón que no funcionaron. Se instala el silencio. Al otro día la noticia corre rápido en la misma mesa: La vecina del captopril murió anoche de un infarto. En Revolico, diez tabletas cuestan 450 pesos.


Rebeca, con 37 semanas de gestación, entra en labor de parto. El hospital Ramón González Coro queda a la distancia de un viaje: 7 000 pesos. Ella y su esposo no los tienen. La comadre del carro no tiene gasolina. Llegan al cuerpo de guardia cinco horas después. El bebé nace en sufrimiento fetal y pasa directo a terapia intensiva. Tres días más tarde, la familia llora su muerte. Demasiado tiempo pasó en hipoxia.


Tito tiene cáncer. No lo comenta. A veces se escuchan gritos en su casa. No hay morfina en ámpulas en las áreas de salud desde hace tres meses. Otros analgésicos no alcanzan a aliviar su escala de dolor. El hijo intenta conseguirla de nuevo, a escondidas. No habrá comida, pero sí alivio por unos días para su padre. Cuando regresa a casa, encuentra a su padre ahorcado, ya sin vida.


En el hospital Fajardo, Gabriela está reportada de crítica. Los médicos piden a la familia que busquen aminas presoras. No hay norepinefrina en la unidad de cuidados intensivos. Les dicen que vayan a otros hospitales, si la consiguen se la ponen. Salen en motorinas a buscarlas. Cuando regresan con algunas ámpulas, Gabriela no ha logrado salir del paro.


Mariano lleva dos años reuniendo, como puede, las piezas de la lista que su cirujano le dio, para operarlo de una hernia abdominal. Los intestinos amenazan con atascarse. No tiene familia fuera de la isla. Una noche, el dolor lo sorprende. Ahora se juega la vida en un salón de urgencias desabastecido.


Desde 2019 hasta hoy no hacen falta intervenciones militares: en la isla llueven los muertos.


📷 Anet García

 
 
 

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