LA HISTORIA DEL PEQUEÑO EZEQUIEL
- 21 abr
- 2 Min. de lectura

✍️ Lupe Fernández Pedroso
Ezequiel es un niño triste, habla poco, hay que sacarle las palabras con esfuerzo.
Pasa casi todos los días por casa vendiendo ajos y cebollas, a pesar de vivir bastante lejos, según me comentó. Lo hace para ayudar a su mamá que está en cama, pues tiene cáncer.
Le pregunté si no tiene papá, y me cuenta que este se ahogó en una presa. Vive con su mami y tres hermanitos, dos más pequeños que él y uno mayor, de 11 años.
Ezequiel tiene 9, pero parece menor. Anda limpio, pero viste humilde y calza unas chancleticas plásticas.
Una vecina me había comentado sobre él y la lástima que sentía de verlo en esa situación.
Hoy despertó la misericordia de la cuadra: una vecina le regaló un dinerito, otra dos maltas y un paquete de galleticas, por mi parte había buscado algunas cositas y le regalé un pulover nuevo, que por suerte le sirvió, dos pares de zapatillas, de uso pero en perfecto estado, y algunas cositas de comer para cocinar.
Ezequiel estudia, dice está en tercer grado. En la tarde vende lo que aparezca para ayudar con los gastos de su casa.
El sentimiento que despierta en los que le rodeamos me da esperanza, esperanza de que no todo está perdido. La solidaridad existe aún cuando existen personas a las que solo les interesa su bienestar y hacer dinero a costa del prójimo.
Si bien hoy vi a un Ezequiel desvalido, pero fuerte, buscando el sustento para su familia como todo un hombrecito, también pude ver en él el futuro de nuestra niñez; vi a Ezequiel estudiando y viviendo sin tener que desempeñar funciones que por su edad no le corresponden. Dios quiera que exista un futuro mejor para este niño hombre, y que pronto dejemos de ver casos como estos, que se multiplican.
📷 El pequeño Ezequiel | Lupe Fernández Pedroso




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