LA FERIA SIN LIBROS

✍️ Sherezade Quiroga
La noticia de que se celebraría una feria del libro llegó envuelta en contradicciones. En un país marcado por la escasez de recursos, materias primas y combustible, donde los apagones y la falta de alimentos se han vuelto rutina, organizar un evento de esa magnitud parecía más un acto de obstinación que de celebración.
Para la autora, la invitación a presentar su primer libro fue un sueño teñido de incertidumbre. Le advirtieron, con una frialdad casi burocrática, que los ejemplares no estarían disponibles. ¿Cómo se presenta un libro ausente? Esa pregunta la acompañó hasta el día señalado, como un eco persistente que anticipaba la decepción.
La sala permaneció cerrada cuarenta minutos después de la hora prevista. Afuera, los invitados aguardaban con paciencia resignada: algunos sentados en los escalones, otros de pie, mirando el reloj o el suelo. El ambiente estaba cargado de silencio y de miradas que se cruzaban con un gesto de incredulidad. Cuando finalmente se abrió el espacio, la improvisación se hizo evidente. No había equipo editorial, no hubo brindis ni palabras de cortesía. Solo un vacío que se imponía sobre las expectativas.
Los rostros de los asistentes reflejaban el descontento. Habían llegado con ilusión, con la esperanza de acompañar un nacimiento literario, y se encontraron con la ausencia. La feria, que debería ser un acto de encuentro y celebración, se convirtió en un recordatorio de la precariedad cultural que atraviesa la vida cotidiana.
No fue un hecho aislado, sino el síntoma de una gestión editorial marcada por la desidia. La literatura, en lugar de ser refugio, se volvió rehén de la indiferencia institucional. Resistir apagones, resistir hambre y ahora también resistir la falta de sensibilidad hacia la cultura: esa es la rutina que se impone.
Presentar un libro sin libros es más que una paradoja; es una traición. Una traición a la palabra, a los lectores, a los escritores que aún creen en la literatura como esperanza. La feria, tal como la gestiona el régimen, no celebra la creación: la niega. Y en esa negación, lo que se pierde no es solo un evento, sino la confianza en que la cultura pueda ser un espacio de dignidad y encuentro.
📷 Sherezade Quiroga




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