JUAN DE LOS MUERTOS
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✍️ Pedro Armando Junco
Poner la corriente a media noche, cuando a duras penas hemos podido alcanzar el reparador sueño REM, causa un desequilibrio mental que a veces no sabemos cómo explicar.
A esa hora nos desperezamos: saltamos de la cama y corremos hasta la cocina. Hay que aprovechar la corriente, porque el gas licuado no ha venido más y el carbón, cuando aparece, cuesta hasta cuatro mil pesos el saco. Pero quince minutos después, con el arroz mojado, listo para montar en la hornilla, regresa el apagón, y nos deja en un limbo que repercutirá todo el día.
Entonces volvemos a la cama, pero es imposible conciliar el sueño. Así es el cotidiano vivir de la mayoría, que nos convierte en zombis.
Por eso, cuando todas las tardes saco mi balance hasta la acera para ver "mi película", descubro lo premonitorio del filme de Alejandro Brugués de 2011, la escena en que el protagonista, Juan, se divertía matando zombis.
Cuando todas las tardes veo bajar por la calle Carmen a una señora con un perro negro enorme que orina las paredes vecinas y defeca frente a las puertas de toda la cuadra, pienso que algo anormal está sucediendo.
Lo mismo me impresiona ver otra mujer, joven y hasta bonita, a veces bien vestida, llegar al basurero de mi barrio y hurgar en las bolsitas de desechos para comer de los desperdicios.
Día tras día un señor, muy anciano ya, se alimenta también de las sobras del vertedero, pero cada vez camina con mayor dificultad; es como si el hambre le estuviera dirigiendo los pasos hacia el final, porque el hambre mata así, paulatinamente, para luego echar la culpa a cualquier otra dolencia.
Por eso admiro y respeto lo premonitorio de aquella comedia de terror de hace quince años, cuando, a pesar de las dificultades de siempre, todavía nos dábamos el lujo de ver una película y sonreír ante la desgracia de otros.
Hoy Juan de los Muertos es una realidad palpable. No creo necesario pronunciar el nombre de los asesinos de zombis.
Pero lo más impresionante de la visión profética de Brugués es el final de la película, cuando Juan, a pesar de todo, decide quedarse.
📷 Juan Pablo Estrada
