GAESA: LA COSA NOSTRA CARIBEÑA
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✍️ Ámbar Ferrara
¿Quién se encuentra detrás del poder en Cuba? ¿Díaz-Canel? ¿La siempre unánime Asamblea? ¿El famoso crustáceo?
Hoy en Cuba el poder se encuentra tras una cortina verde olivo en las oficinas del Grupo de Administración Empresarial S. A. (GAESA), donde la "famiglia" Castro, junto a la élite militar disfrazada de empresarios, hace tiempo se estrenó como oligarquía construyendo un Estado dentro del Estado.
Esta entidad mafiosa opera en la sombra y ha suplantado gradualmente las funciones estatales: administra remesas, turismo, comercio exterior y banca; controla la entrada de divisas y la inversión extranjera; define prioridades económicas sin pasar por el Consejo de Ministros ni por la Asamblea Nacional. Su dominio hace palidecer a las más rancias autocracias.
De forma semejante a la organización siciliana, GAESA funciona como un monopolio de facto, desplazando competidores y asegurando fidelidad mediante coerción o dependencia, utilizando militares confiables para puestos clave en sus estructuras y en ciertas MIPYMES a las que, mágicamente, no parece afectar la crisis.
GAESA fue fundado en los años 90 para autofinanciar al Ejército durante el Período Especial. En principio agrupó diversas empresas generando un microsistema productivo en la esfera militar. Pero la empresa quería más: quería tener dólares.
Tras oficializarse el mando de Raúl Castro en 2008, GAESA inició una estrategia de expansión mediante la adquisición de empresas para consolidar su control económico y financiero: turismo (Grupo Gaviota), telecomunicaciones (ETECSA), comercio minorista en divisas (TRD Caribe, CIMEX), remesas (FINCIMEX), inmobiliarias, bancos como el BFI y la Zona Especial de Desarrollo Mariel.
Sigilosamente, este monopolio militar ha logrado tener bajo su bota el 70 % de la economía cubana, consolidando un capital que se mueve hacia paraísos fiscales y empresas en el exterior. Según datos de 2024, GAESA tiene un capital de 17 900 millones de dólares. Ha invertido además miles de millones en construcción hotelera, aun con ocupación mínima (21,5 % en 2025). Estos proyectos funcionan como mecanismos de almacenamiento de divisas y como instrumentos de lavado de dinero.
¿Pero cómo controlar a GAESA? ¿Quién mueve sus hilos? ¿Dónde está el dinero recaudado durante décadas a través de los hoteles y las TRD? ¿Dónde está todo ese capital que supuestamente debió invertirse en Salud y Educación, producto de la política de gravamen a cada dólar que entraba en Cuba y que era entregado al pueblo en forma de papelitos de colores? ¿Dónde está lo recaudado por ETECSA y sus cada vez más draconianas recargas? ¿Dónde está el río de millones obtenido por Antex con el sudor y la vida de los médicos cubanos?
Nadie toca al monstruo de siete cabezas. Los balances nunca se publican y su estructura es un circuito cerrado. Su opacidad es tan densa que ni la Contraloría General ni la Asamblea Nacional han logrado abrirle las puertas, porque tampoco estas instituciones son autónomas y responden a la lógica del poder del conglomerado militar.
Las sanciones de Trump han golpeado sus operaciones, especialmente en turismo y remesas. La prensa oficialista corre en un intento desesperado por cubrir la pintura que le han rayado a GAESA, describiéndola como "eficiente", "motor social" y una estrategia para evadir el embargo. Como antaño la mafia se presentaba como "protectora" de la comunidad, los medios del régimen tratan de legitimar a GAESA con el discurso de sostener la soberanía y financiar salud y educación.
Mientras, los hospitales, la infraestructura urbana y el sistema eléctrico colapsan, y el cubano de a pie ve cómo cada día se esfuma su salario en una ola de inflación.
GAESA está acorralada. Le han cortado el agua y la luz. La salida de las empresas hoteleras la ha herido de muerte. Pero antes de su destrucción, sus cabecillas deben ser juzgados y dar explicaciones de todo el bienestar que nos han robado.
📷 Anet García




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