EL PUEBLO OYÓ EL SONIDO DE LAS TROMPETAS Y LA MURALLA SE DERRUMBÓ
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✍️ Eloísa García
De niña, mi abuela me leía la Biblia como un libro de cuentos. En mi memoria pueril, las trompetas de Jericó sonaban sobre Sodoma. El sonido derribaba muros y el fuego limpiaba la tierra. Tardé años en entender que eran dos historias distintas. Pero la niña que fui entendió algo esencial: hay un sonido que anuncia el fin de lo podrido. Y ese sonido, hoy, son las voces de los jóvenes que ya no tienen miedo.
Anna Sofía Benítez tiene veintiún años. Vive en Alamar. Estudió Prótesis Estomatológica. No es criminal. No empuña armas. Sin embargo, el régimen criminalizó su contenido. Publicaba videos de humor hasta que la realidad la golpeó: siete meses esperando un título por un error administrativo. Su madre, Caridad Silvente, la crió sola. El servicio social le ofrecía tres mil pesos al mes cuando el transporte costaba más. Esa realidad que destroza planes y futuro.
Entonces cambió la narrativa. Empezó a hablar de apagones, carencias, de lo que es sobrevivir en Cuba. Todo en nombre de su fe. En marzo de 2026 fue puesta bajo arresto domiciliario. Su madre, interrogada por la Seguridad del Estado durante dos horas. Puede que muchos le hayan preguntado por qué lo hace. Su respuesta: "Lo que me dio valor para alzar mi voz fue Jesús".
Sesenta años atrás, otros creyentes enfrentaban las UMAP, campos de trabajo forzado que existieron entre 1965 y 1968 para "reeducar" a quienes osaban creer. "El que tiene mochila, que la cargue". La fe era estigma, condena. Pero olvidaron algo: la fe no cabe en ningún expediente del MININT. Aquella persecución no distinguió credos. Todo lo sagrado era sospechoso.
David Espinosa y Leidy García, pareja cristiana, fueron citados a interrogatorio el 13 de abril de 2026. David pidió oración pública: no miedo, fe. "Oren por nosotros".
Los muchachos de Fuera de la Caja proclaman: "Una Cuba nueva, donde unidad no sea uniformidad". Ninguno es delincuente. Son creyentes. Creen en Dios, en Cuba, en el prójimo, en el renacer de un país digno para todos. Y junto a ellos, miles de jóvenes creen a su manera, con sus propios nombres para lo sagrado, pero con la misma convicción: la fe no se negocia ni se esconde.
Pretendieron censurar a Dios al principio de aquello que llamaron "revolución". Sesenta y siete años después, Cristo habita en la voz de una muchacha de Alamar. Dios habita en el corazón de muchos cubanos. Lo divino, como cada quien lo nombre, está en la oración de una pareja frente a un policía, en todos los que ansían libertad.
"Entonces los sacerdotes tocaron las trompetas, y aconteció que cuando el pueblo oyó el sonido de las trompetas, gritó con gran vocerío, y la muralla se derrumbó" (Josué 6, 20).
La fe mueve montañas. La fe derrumba muros. Solo hace falta el sonido de las trompetas para que el fuego finalmente purifique. Exista en la Biblia o no, aunque sea la narrativa exuberante de una niña que hoy, adulta, entiende que las trompetas son el sonido de la verdad. La verdad de un pueblo que despierta en medio de una lluvia de azufre. La verdad de una juventud que ya no se arrodilla ante el miedo.
Ninguna muralla resiste el grito de los creyentes.
📷 Miembros del colectivo de Fuera de la Caja Cuba y Anna Bensi | Facebook | Fuera de la Caja Cuba




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