CONTROLES ESTATALES: ENTRE LA FALTA DE LIBERTAD Y EL CAOS

✍️ Lien Estrada
En toda terminal del país, dígase La Coubre en La Habana, o la de Holguín, existía un cartel en las taquillas que anunciaba que sin carnet de identidad no se puede comprar pasaje. Pero el régimen se ha quedado sin combustible. Y a las agencias particulares de transporte no les importa conocer tu nombre ni dirección.
Para optar por un centro laboral estatal —no olvidemos que hasta muy poco tiempo casi todos lo eran—, se exigía: además de carnet y certificado de estudios terminados que te avalaba trabajar en el lugar, carta de la FMC, carta de los CDR, documento del área de atención militar, entre otros, según la empresa donde fueras a trabajar. En mi caso fue Cultura Municipal de Holguín, unidad presupuestaria, una de las entidades que menos documentación exigían.
Revierdo a una profesora de secundaria que había decidido mudarse all sector de turismo, y me comentaba de todos los papeles que necesitaba entregar para poder ser contratada. Todavía no sé cómo lo logró. Porque en aquellos años estaba prohibida la entrada a turismo a los médicos y profesores. Y en las investigaciones estos datos salían a la luz.
En el caso de tratarse uno la salud, si no era de urgencia había que ir a un consultorio con historia clínica, solicitar remisión al policlínico, y luego pedir turno. Esto para verte con el optometrista, el psicólogo... con el dentista podía ser mucho más problemático.
Resulta ser que una vez que permitieron al sector privado asumir estos servicios, la experiencia es radicalmente distinta. No les importa ni tu nombre. En Holguín, con dentistas particulares, extraerse una muela puede costar 1 500 pesos. Mi último empaste salió en 10 000. Y graduarme la vista fueron 1 000 pesos. Para encargar los espejuelos, en la misma óptica, tuve la facilidad de dos pagos: 5 000 pesos de entrada, 5 000 al recogerlos.
Si tengo dinero puedo resolver fácilmente con el particular. No siendo así la mayoría de las veces por la vía estatal. Ese control que me resultó en todo momento opresivo y desgastante lo padecí no solo yo, sino amigos, vecinos, conocidos... Mi odisea de papeles no era un caso aislado.
La situación económica ha obligado al régimen a tomar decisiones que permiten mayor protagonismo a la gestión privada. Entonces nos damos cuenta que el control excesivo no tenía tanto que ver con mantener el orden social, sino con la falta de libertad.
Obvio que nos golpea como sociedad saber que los más pobres —la mayoría— salen perjudicados. Y también está claro que esos servicios fundamentales deberían ser públicos para quienes, por alguna razón, no puedan acceder al sector privado. Pero eso tiene que hacerse sin el desorden y el caos que genera un régimen que no da espacio a la libertad, el derecho y la autonomía que una nación necesita para levantarse.
📷 Lien Estrada




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