A KILO 7 DE TI

✍️ Alejandra García
Hoy hace once días que mi móvil no se ilumina con el número del Destacamento 11, en Kilo 7, aquí en la ciudad de Camagüey. A su hija le digo que su papá está de viaje, uno largo, haciendo algo importante, algo grande. Porque su papá lo es.
Pero me queda la música. Brock Ansiolitiko suena en bucle y cada canción se ha vuelto un pedazo de él.
A kilómetros de ti me la sé de memoria, y hoy duele distinto. Un día le mandé a Henry un fragmento de esa canción grabado con mi voz: yo contando metros desde aquí, él contando muros desde allá, y entre los dos una voz que se reconoce aunque las distancias digan que no. Hoy esa voz es lo único que no han podido encerrar.
Porque Henry lleva una semana en una celda de castigo por una mentira armada con la sutileza de un mazo. Nuestra única arma es la palabra, y le temen tanto que tuvieron que plantar un cuchillo. Una dictadura con sus rejas y uniformes, con sus agentes de la Seguridad del Estado (SE), como Frank y Felipe, necesitando un cuchillo para frenar las convicciones de un hombre. Con presiones, interrogatorios, citaciones, represiones contra periodistas independientes, activistas, influencers, miembros de la sociedad civil.
El día 20 fui con la abogada hasta Kilo 7 a tomarle declaración. Pero el instructor penal Dainer, de repente, se complicó. Ella tampoco pudo verlo, porque necesitaba permiso del jefe de unidad, el mayor Dany, que no estaba. Ya se sabe, para garantizar derechos nadie está, para quitarlos aparecen todos.
Entonces hicimos el habeas corpus. Con la presión, milagro: el expediente, que no existía, que nadie había visto, que flotaba en un plano interdimensional, apareció solito en la fiscalía provincial, y se supone que fue remitido el 9, según el juez Carlos. Gracias a eso la abogada pudo por fin presentar el recurso de queja por la otra denuncia. Sí, la otra, porque ahora hay una nueva, también inventada. Cuando una mentira no alcanza, se fabrica otra.
El viernes 23 volvimos. Esta vez sí, la abogada pudo, al fin, tomarle la declaración a Henry. Casi tres horas allí dentro, porque después de él declararon otros testigos, todos apoyando la mentira que construyeron los agentes de la SE. Cuando una mentira anda coja, se le buscan muletas. La abogada dice que Henry sigue en calma, tranquilo, una vez más firme. Y nosotros con él.
Y ahí entra De vuelta a casa, esa canción que Henry sabe mejor que nadie: si el sistema funcionara en condiciones, nadie tendría que cuestionarse lo que el sistema dijo. Pero no funciona. Por eso hay cuchillos artesanales, expedientes fantasma y oficiales ausentes.
De niña, mi madre me cantaba Penélope, siempre desafinada. Nunca pensé que esa canción se viviría en carne propia. Mi Ítaca es Cuba, y la espero libre. Pero esta Penélope no teje ni desteje, esta Penélope escribe, denuncia, toca puertas y no se calla.
Hoy mi móvil sigue negro. Pero Henry me mandó un botón de rosa. A un hombre le plantan un cuchillo, y él manda una flor. Esa rosa es mi fuerza y mi esperanza, y que me expliquen los que fabrican cuchillos cuál de las dos cosas les da más miedo. En celdas de toda la isla hay llamadas de diez minutos: Maykel Osorbo Castillo, preso desde 2021 por una canción; José Gabriel Barrenechea, condenado por protestar contra un apagón; Mayelín Rodríguez, la Chamaca del Chamaco, por transmitir en vivo lo que pasaba en su barrio; Kamil Zayas y Ernesto Ricardo Medina, del 4tico, por hacer videos; Eddy Ceballos, por mostrar bases militares abandonadas; Félix y Saylí Navarro, padre e hija desde el 11J, que dijeron que de su país no se van; Virgilio Mantilla, en ese mismo Kilo 7, por un video en Facebook. Y Henry, que hoy cumple una semana en una celda de castigo por un cuchillo que nunca fue suyo.
Algún día se dirá de vuelta a casa sin que suene a deseo. Será verdad para ellos, para todos los que esperamos afuera y para los que esperan adentro, que son los que más esperan.
Hasta ese día, el que quiera cuchillos que los plante. Que fabrique expedientes y los haga aparecer cuando tenga miedo. Mi única arma es la palabra: (…) no dije que gustaría, dije que sería sincera (…).
📷 Alejandra García




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