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MI ABUELA YA NO CREE EN CUENTOS DE HADAS

hace 22 horas
2 min de lectura

✍️ Alejandra García


Mi abuela alguna vez creyó en un final feliz; mi abuelo murió creyendo en esa fantasía. Batallaron por una revolución, por una utopía que nunca ha sido. Ella guardó en el piano de su prima la propaganda del Movimiento 26 de Julio. Abuela se tragó el cuento como tantos otros, pensó que esta sería la libertad de verdad, la autonomía, el hombre nuevo que ahora se derrumba. ¿Acaso existió tal hombre nuevo?


Abuela repitió consignas como si fuese un credo, como las oraciones que todas las mañanas hace. Era tanta la fe en esos falsos dioses que incluso perdonó la cacería de brujas por creer en otro Dios, que no fuese el de la Sierra Maestra. Y abuela ocultó su cruz, sus efigies, la devoción, y aprendió a rezar bajito, casi en silencio. El miedo se le pegó luego a la piel: "no digas esto, no levantes la voz, pudiésemos estar peor, todo es culpa del bloqueo, del cruel imperialismo". Abuela quiso creer en esos cantos de sirena: un poco más de corriente, algo de salud, sus nietos tenían escuela, sus nietos sabían.


Pero ya sus nietos no creían y abuela se preocupó. ¿Por qué sus nietos no veían lo bueno? "Abuela, lo único que queda es sacar el pasaporte y alejarse noventa millas, aunque duela esa llamada congelada, aunque no pueda atravesar la pantalla y abrazarte".


Abuela se fue desencantando, el hechizo no dura para siempre, ya no cree en el hombre nuevo, ya no ve futuro, solo el pan con algo porque no hay corriente para cocinar, o ver morir a amigos porque no hay medicamentos. "Cuándo te veré, mi nieta querida. Por qué dejaste la medicina, mi niño, eras brillante". "Abuela, eso no alcanza, en una mipyme se gana mejor". "Abuela, hoy no tengo clases, no sé si el próximo mes o quizás ya no más". A mi abuela se le desempañaron los espejuelos, vio el asco, la desidia, las mentiras, el miedo colándose por las venas, el "todo mejorará, un pueblo unido jamás será vencido".


Ahora abuela publica en Facebook lo que nunca pudo decir en voz alta: "No hay medicamentos en la farmacia". "La basura se acumula en la esquina de mi cuadra en Plaza". "Se pasa hambre hasta en el Vedado". Cada post es un acto de rebeldía. Esas palabras que antes eran traición, ahora son su única válvula.


Ve los discursos en la televisión y ya no cree nada de eso. No puede. Está viviendo lo opuesto. ¿Cómo creer en un "todo mejora" cuando no hay corriente para cocinar? ¿En la resistencia creativa cuando amigos mueren sin medicinas?


Hace dos días me mandó un audio por WhatsApp, me dice que me cuide porque hablar tiene su precio, pero me apoya. La misma que aprendió a rezar en silencio ahora me empuja a gritar.


A abuela se le derrumba todo; le duele un país. Despertó de golpe como en Goodbye Lenin. Es una rehén y lo sabe.


📷 Lispector del Risco

 
 
 

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