EL PELIGRO DE ENFERMAR EN "LA POTENCIA MÉDICA"

✍️ Lien Estrada
Debo ir a la calle 13. Esa calle del reparto San Fiel, en Holguín, donde encuentras todo lo que necesitas. Así lo proclaman a todas voces sus pregones. Si un chistoso, como un amigo mío que iba a mi lado, pregunta: ¿Y si lo que busco no lo tienes?, te responden sin titubear: Lo buscamos. Esta calle, bien extensa, con todas sus casas a cada lado, se convirtió en tiendas, cadecas, farmacias, zapaterías y todo tipo de establecimientos que pudiera generar una sociedad.
Debo ir sin falta a comprar calmantes en inyecciones, que muchas veces son los que eliminan mis más fuertes dolores de cabeza. Como la dipirona. La penúltima vez que recurrí al cuerpo de guardia del hospital Vladimir Ilich Lenin, por uno de estos dolores, estaban los médicos y enfermeros, pero no tenían la inyección. La suerte fue que uno de los médicos presentes tenía un vulvo en su bolsillo y tuvo la amabilidad de cedérmelo.
La experiencia siguiente no repitió el milagro. El hospital, que funciona como un lugar emergente en plena guerra, no cuenta con todos los medicamentos ni recursos para recibir a quienes llegan con sus muchas dolencias. Tuve que regresar a casa con el mismo dolor, dispuesta a tomar más pastillas y rogar al más allá para que terminara de alguna manera.
Como han hecho mis amistades cuando consiguen alguna operación, tienen que comprar todo lo que necesitan. Esto puede ser desde guantes, torundas, hilos, agujas, anestesias... y la compra puede resultar de unos 25 000 pesos o más. Yo me dispongo a comprar mis vulvos de calmantes. La próxima vez será ir al hospital para que me los inyecten. Esto, si no soy yo misma quien aprenda a inyectarme en cada una de mis crisis.
Obvio que mi caso no es el más trágico de los que pueda contar el hospital construido por el pueblo holguinero con equipamiento donado por los soviéticos. Por desgracia es lo que generalmente sucede con quienes enferman y necesitan de este sitio en los últimos tiempos. No es precisamente un problema pasajero. Más bien, uno de los más persistentes y desafiantes.
Quizás nos frustre mucho más porque nos creímos el discurso oficial de que éramos una potencia médica o que lo seríamos siempre. El tema de la salud no es uno de esos temas secundarios. Por este motivo voy a la calle 13. Porque sin salud, muy pocas cosas, o nada, cuentan en la existencia humana.
📷 Anet García



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