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DIVERGENTES

hace 20 horas
3 min de lectura

✍️ Mario Junkera


Primero, lo elemental y ordinario: basura en todas partes, apagones, cortes de agua, ausencia de insumos médicos, alimentos básicos, educación defectuosa, violencia callejera, arte deprimido y reprimido. La patria desarraigada, abandonada a la desidia.


La realidad que vivimos hoy supera todo lo conocido en estos 67 de dictadura comunista. La cultura que orgullosos llamábamos cubana ha pasado al plano de la resistencia creativa, dos términos que obedecen a la solución enmascarada de las ineficiencias del régimen. Vivimos en una nación moribunda, no solo por las calamidades de la supervivencia, sino por el pensamiento alienado del ciudadano y su incapacidad de programarse una vida.


Al cubano pobre se le llama vulnerable. Al hambre, producir-bloqueo. Al salario que no alcanza, medidas necesarias. Al que levanta la voz, disidente. Al que no está de acuerdo, opositor, mercenario, apátrida, gusano. Utilizan esa neolengua para transformar las verdades en cantinfleos, para llenar los espacios de confusión, dudas y miedos.


A escasos metros de mi casa vive Manuel, un vecino discapacitado que convive con su anciana madre. Son considerados vulnerables y protegidos por el estado a través del Servicio de Atención a la Familia (SAF). Cada día a las 11:00 a. m., Manuel, con problemas de visión, va al SAF, hace su cola y recibe por un módico precio las "suculentas" raciones (muy pequeñas) de arroz, dos plátanos hervidos y dos bolas de pan.


Reinol, vecino cercano que administra un Trabajo por Cuenta Propia (TCP) de barrio, cierra su negocio poco a poco. Las fluctuaciones monetarias casi diarias, las constantes visitas de inspectores y la dificultad casi imposible de comprar en mipymes a través de transferencias por móvil lo están ahogando. Reinol es un hombre de bien y de coraje: fía productos a sus vecinos, muchas veces con meses de plazo, cumple todas las reglas, paga el impuesto puntualmente. Si renuncia a su TCP no es por desidia, sino por el agotamiento sin resolución. Ve que la prosperidad de su familia y de su negocio se van al vacío.


Anna, una chica que abraza la fe cristiana, aparece en las redes sociales denunciando abusos, abandonos, carencias, relatando las vivencias caóticas del cubano común. Anna y su madre, ante la visita de un oficial sin uniforme para una citación, decidieron filmar y publicar esa visita. Fueron juzgadas por la denuncia del oficial, que alega que vulneraron su intimidad personal al filmarlo. Fueron condenadas a dos años de reclusión domiciliaria. Neolengua de la "justicia" cubana.


Henry, periodista independiente, padre de dos hijos, hombre decente, culto, nunca ha robado ni malversado ni asesinado. Su delito ha sido su opinión, su activismo contra lo mal hecho. Ha sido acosado, amenazado, cuestionado e interrogado una y otra vez por más de veinte años. Hoy está internado en la cárcel de Kilo 7, en máxima seguridad, por el hecho terrible de llegar tarde a una citación de agentes de la Seguridad del Estado.


Cuatro hechos que demuestran lo fácil que se torna entender la lógica del régimen en su proceder autoritario. Manuel, Reinol, Anna, Henry y millones de cubanos, activistas o no, son víctimas de la ausencia de civismo, de la falta de derechos, de manipulaciones macabras de personas indecentes.


Hemos encontrado cientos de formas divergentes para asumir la realidad grotesca que vivimos: el emprendedor que sobrevive o burla inspectores corruptos, pensionados cuyo salario no alcanza, intelectuales ociosos, ingenieros inoperantes, personal médico, artistas, policías, emigrantes desarraigados, niños sin futuro... todos supervivientes. También está la otra cara: delincuentes, ladrones de cuello blanco y negro, represores obstinados, gobierno en la inopia de eso que se llama gobernar, administrar, legislar, en fin, derechos.


Todos representan la mayor parte de la nueva reconcentración al estilo UMAP, solo que ahora las alambradas son sustituidas por tendones ideológicos y corruptos, por discursos y promesas rotas.


Vivir en cadenas es vivir en oprobio sumidos...


📷 Juan Pablo Estrada

 
 
 

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