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REGALO EN EL DÍA DE LOS PADRES

  • 21 jun
  • 2 min de lectura

✍️ Pedro Armando Junco


La delegada de mi circunscripción dice atender una zona de 34 CDR. Puede usted imaginar los aprietos de esa militante, encargada no solo de informar hasta el último detalle de cualquier oposición política, sino también de repartir cualquier tipo de migajas ante las necesidades de un pueblo generalizadamente vulnerable.


Su prueba de fuego resultó ayer, al caer la tarde. Había citado a las personas más necesitadas y con mayores problemas familiares —personas vulnerables en el léxico oficialista— para recibir una lata de carbón de marabú al módico precio de 370 pesos, como presente por el Día de los Padres.


Casi al oscurecer se detuvo el tractor con la carreta y unos 30 sacos de carbón, frente al centenar de personas que parecían sacados de una escena del infierno de Dante: ancianos con problemas de memoria, inválidos en sillas de ruedas, ciegos, personas con discapacidad intelectual, traspasados de hambre. Hambre no solo por la falta de alimentos, sino por no tener con qué cocinarlos.


El carbón de marabú es un lujo en la comunidad agramontina. Sin gas licuado y con 22 horas diarias sin electricidad, este combustible casi aborigen se ha convertido en algo tan indispensable como el agua de beber.


Y comenzó la fiesta. Para nada risible era ver a personas limitadas físicamente por algún trauma o por los años, apretujándose unas contra otras para no quedar fuera del regalo.


El bullicio, las discusiones y los malos entendidos fueron encendiendo una hoguera que no era de carbón precisamente. Sin embargo, los pocos que pudieron alcanzar las migajas se marcharon en silencio; y los que tuvieron que regresar a sus hogares con las manos vacías, en sus exabruptos inconformistas, pasaron por alto al verdadero culpable: el régimen que los condena a disputarse una lata de carbón como si fuera un tesoro.


📷 Pedro Armando Junco

 
 
 

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