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POR QUIÉN DOBLAN LAS CAMPANAS

  • 23 mar
  • 1 Min. de lectura

✍️ Lupe Fernández Pedroso


Los recuerdos de los niños pueden ser agradables, oscuros o felices, dependiendo del entorno, familia, comunidad, o país.


Yo nací en una familia normal, con unos padres cariñosos, en un país normal, rodeada de buenas personas. Por ello, mis recuerdos son agradables y me han marcado hasta ahora, forjando mis actitudes y carácter.


En esa fecha lejana nací frente a una iglesia. Las campanas eran mi despertar, y siempre me acompañará su tañido, llamando a levantar nuestra alma y nuestro cuerpo. Al trabajo, la escuela, a misa, a las labores hogareñas, etcétera. Pero también a pensar en que Jesús, desde la cruz, nos impulsa a ser mejores personas, a mirar a nuestro alrededor y hacer el bien a nuestro prójimo, a mirar la vida con ojos de esperanza, de futuro, de bienestar.


Últimamente, personas incapaces de ver más alla de intereses personales, sin nada de misericordia en su corazón y solo pensando en la felicidad que les proporciona el poder, tratan de silenciar esas campanas.


¿No sabrán estos personajes la importancia de esos repiques en la historia de Cuba? ¿No conocerán que el sonido de esas campanas en La Demajagua, el 10 de octubre de 1868, convocó al levantamiento contra el yugo español? ¿O será que temen que este repique incite al pueblo, cansado y agobiado?


La historia se repite, los símbolos siempre permanecen intactos.


Y mi memoria se activa ante este cantar melodioso, aunque intenten callarlas.


La Patria, siempre, nos contempla orgullosa.


📷 Juan Pablo Estrada

 
 
 

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