top of page

ENGAÑOS MONETARIOS

  • 28 may
  • 2 min de lectura

✍️ Pedro Armando Junco


Feliberto es un campesino octogenario que todavía ordeña sus vacas. Ha logrado, en la ruralidad de su vida, construir una familia perfecta: un matrimonio de seis décadas y tres hijos varones que no lo abandonan.


Sin embargo, Feliberto no es muy conocedor de finanzas. En esta última visita que me hizo, contó que había venido a cobrar un cheque por la venta de tres toros y dos vacas... Y hasta sonrió.


— ¡Me dieron cien mil pesos por las cinco reses!


En apenas tres caballerías de terreno, este guajiro trabajador y honrado ha conseguido incrementar un pie de cría de vacunos cebú que lo enorgullece.


Él no ignora, por supuesto, que los propietarios de ganado mayor no son dueños ni de las pezuñas de una vaca. Sacrificar una res propia es un delito tan grave que se paga con varios años de cárcel.


La leche producida por su rebaño, obligatoriamente, debe ser vendida al régimen. Y las reses, como si fuera poco no disponer de ellas para sacrificarlas, solo tienen un comprador: también el régimen.


No creo necesario explicar el porqué tantos campesinos añosos emigran a la ciudad y sus hijos escapan a otros países. Este monopolio estatal, a todos los niveles, muestra además la razón y la esencia del porqué en Cuba nadie se estimula a trabajar y producir.


La esencia de esta historia es que Feliberto se vio obligado a vender sus tres toros y dos vacas al régimen cubano al precio que el propio régimen cubano dispone.


Entonces lo miré con piedad, porque Feliberto es uno de esos guajiros que, cuando viene a visitarnos, abraza tan fuerte que sentimos a un hermano en el pecho. Y en el acto riposté:


— ¡Ay, Feliberto, te han pagado a menos de 40 dólares cada una de tus reces!


Nota: Por razones obvias se suplantó el nombre verdadero del campesino por Feliberto.


📷 Pedro Armando Junco

 
 
 

Comentarios


bottom of page