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EL GRAN MONTAJE: GIBARA, EL FESTIVAL QUE SE FILMÓ APAGÁNDOSE

  • 27 jul
  • 2 min de lectura

✍️ Alejandra García


Llegué a Gibara sabiendo que llegaba tarde. Yo no: el festival.


El Festival Internacional de Cine Pobre de Gibara no se celebró en su fecha habitual, una decisión marcada por una realidad más profunda que un simple cambio de calendario: no había suficiente combustible ni electricidad para sostenerlo como antes.


La mañana de la inauguración, mientras terminaban de ajustar los últimos detalles en el parque central, el Sistema Electroenergético Nacional (SEN) colapsó. A las 11:05 a.m., el quinto apagón total en lo que va de año dejó a más de nueve millones de personas sin electricidad. La noticia corrió de teléfono en teléfono, entre vecinos que la recibían como la confirmación de algo esperado.


Y, sin embargo…


Esa misma noche, frente al viejo cine Jibá, hubo pantalla. Hubo función. Hubo película. Neurótica Anónima se proyectó al aire libre justo el día en que el país entero se quedó, técnicamente, sin suministro eléctrico.


Ahí estaba el verdadero montaje. La escena que daba cuerpo a la metáfora: durante los cinco días del festival, Gibara tuvo luz. Mucha luz. No toda la que hubiera querido, pero sí más de la que le correspondía a cualquier otro pueblo de Holguín esa semana.


El certamen cumplió su promesa de "iluminar las noches de Gibara". Mientras miles de personas acumulaban apagones de cincuenta, setenta horas o más, esta pequeña ciudad frente al mar se convirtió en una excepción: calles iluminadas, pantallas encendidas, personas conversando hasta tarde sin calcular la batería del teléfono ni buscar dónde cargarlo.


Entonces entendí la referencia a El show de Truman (The Truman Show, 1998). Gibara parecía un domo real: un pueblo convertido en el único lugar de la isla donde las luces seguían brillando.


Los gibareños disfrutaron de esa pausa y tenían derecho a hacerlo. Pero yo no pude dejar de pensar en la contradicción: estar dentro del domo mientras fuera de él continuaba la oscuridad.


En las ruedas de prensa se habló de "calidad" y "diversidad intactas". Es cierto. Hubo teatro, danza, narración oral, presentaciones de libros y homenajes como el dedicado a Humberto Solás. También vi un festival más pequeño: menos visitantes, menos ruido, menos presencia internacional.


Me llevo una imagen: Gibara iluminada junto al mar y un país entero esperando que esa normalidad deje de ser una excepción.


📷 Alejandra García

 
 
 

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